La edad y la piel
A los 40 años, es el momento de reafirmar y unificar. Nuestra piel empieza a perder firmeza y elasticidad y comienzan a aparecer las primeras arrugas ya que disminuye la producción de colágeno y empeora la calidad del mismo. También percibirás la aparición de manchas en forma de pecas, aún si no tuvieras manchas notables, el tono de tu piel empieza a verse irregular, para esto elige tratamientos que aporten luminosidad, aunque no logren borrar las manchas, aumentarán la claridad y el buen tono de la tez.
A los 50 años, atención con las hormonas. Llegando a la menopausia, las hormonas se revolucionan y esto afecta a nuestra piel. El descenso de estrógenos provoca sequedad y deshidratación. Para compensar esta pérdida aplícate tratamientos con fitoestrógenos, como la soja, la borraja o el iris, que son similares a los estrógenos naturales. Otros activos regenerantes, como el caviar, activan la microcirculación. Elige cremas que los incluyan entre sus componentes. Una alimentación sana, vitaminas y tratamientos ayudan a combatir esto.
Recuperemos la función barrera, cuando lleguemos a los 60 años. Después de la menopausia, la piel se vuelve mucho más fina y delgada, esto la hace más frágil y con menos defensas ante el medio ambiente. Pierde más agua, y los cambios de temperatura y la humedad dejan huella. Ante esto el cosmético ideal es aquel que refuerza las defensas naturales de la piel y restaura la función barrera de la epidermis. Otro de los problemas al llegar a los 60 años es la falta de melanina, por lo que todos los rasgos se ven más claros, como difuminados. Para conseguir un color fresco y jugoso en nuestro cutis, no te separes de las cremas hidratantes con color, estas nos aportan dos beneficios, hidratación y un poco de buen tono que no se fija en las arrugas. Debido a la fragilidad de la piel, comenzará a tornarse seca con mucha facilidad, por lo que es momento de emplear texturas untuosas.




